El Smoke Grill Don Quijote es un cigarro diferente, nacido de una idea tan sencilla como particular: llevar al tabaco las sensaciones del fuego. Para conseguirlo, parte de una tripa cuyas hojas fueron ahumadas en frío con madera de limonero.


Cuando escuché por primera vez el nombre Smoke Grill, lo primero que vino a mi cabeza fue la técnica que utilizamos los bartenders para ahumar cócteles. Esa asociación fue inmediata y, de hecho, fue lo primero que le comenté a mi gran amigo Carlos “Coco” Mier y Terán, con quien en tantas ocasiones he compartido buenos rones acompañados de buenos puros y esas conversaciones que hacen que una fumada se disfrute todavía más.

Le propuse a Carlos que nos encontraríamos y me acompañara a descubrir esta experiencia, después de conocer un poco más sobre el concepto detrás del cigarro, entendí que el nombre escondía una idea mucho más interesante, llevar al tabaco las sensaciones no conocidas por nosotros, donde se ha utilizado hojas de tabaco ahumadas en frío con madera de limonero era una ocasión especial para reencontrarnos.

Desde ese momento, la curiosidad fue inevitable. Quería descubrir hasta dónde podía llevarse esa idea y, sobre todo, cómo se sentiría en la fumada con un maridaje de tres rones.

​A diferencia de los métodos de procesamiento del tabaco donde el calor extremo define la transformación de la hoja, en Tavesa partende una materia prima de excelencia: una hoja Salón venezolana, ya curada, fermentada y envejecida con paciencia. El proceso de Smoke Grill ocurre a una temperatura controlada estrictamente a 30°C. Esta temperatura no busca transformar la estructura del tabaco, sino proteger su integridad.

Una cata de puro es toda una experiencia y nosotros la llevaríamos a otro nivel, estábamos claros que sería todo un aprendizaje del maridaje sin saber que nos íbamos a encontrar en la fumada.

Esta experiencia no solo trataba de encender y fumar bebiendo buenos rones, elegimos el día, la hora y el lugar adecuado para afinar los sentidos, observamos con calma cada cigarro, detallamos su color, brillo, venas en la hoja, la manera de cómo fue torcido intentando entender cada proceso con detalle sin ponernos técnicos ya que no somos expertos en el tema.

Nos preguntamos que aromas encontraríamos en su capa al olerlo en frío, ¿Café, especias, madera, cuero, frutos secos, tierra, cacao, limón tal vez, fortaleza en nariz, notas dulces?

Aquí es donde comenzó el verdadero reto: ¿Qué rones elegir para acompañar un cigarro que todavía no habíamos fumado?

No teníamos una experiencia previa del Smoke Grill que nos sirviera como referencia, así que todo quedaba en manos de nuestra memoria sensorial y, sobre todo, de esas experiencias que uno va acumulando después de tantos buenos rones compartidos.

Carlos estaba en Venezuela y yo en España, así que tendría que viajar para poder sentarnos nuevamente alrededor de un buen puro y unos buenos rones. Mientras pensaba en cómo plantear la experiencia, tuve claro que quería comenzar por algo cercano a la esencia del cigarro: un ron venezolano.

A partir de ahí, decidí incorporar también rones dominicanos, buscando perfiles diferentes que nos permitieran ver cómo cada uno se comportaba a medida que avanzaban los tres tercios del Smoke Grill Don Quijote.

La elección no fue casual, para comenzar opte por Santa Teresa 1796, buscando que su perfil triple añejamiento en Solera acompañara la entrada suave del Smoke Grill.

Para el segundo tercio elegí Matusalem 15, pensando en un ron con suficiente carácter para acompañar el aumento de intensidad del cigarro y para cerrar, Barceló Organic, con un perfil diferente que nos permitiera descubrir qué ocurriría cuando el cigarro llegara a su último tercio.

Lo interesante era que todo esto era una apuesta. No sabíamos cómo iban a comportarse juntos hasta que encendiéramos el cigarro y comenzáramos a probar, precisamente ahí estaba buena parte de la gracia de la experiencia.

Smoke Grill

Una entrada delicada: Smoke Grill y Santa Teresa 1796

Al encender el Smoke Grill, la primera sensación es bastante agradable con notas que todavía no se nombrar. El cigarro entra suave con una calada nada dura o forzada, con una intensidad media, lo que me permita comenzar a entender los matices del puro. Madera, especias, algunas notas sutilmente picantes, aromas agradables que invitan a dar otra calada antes del primer sorbo de ron lo que le dará más complejidad al primer tercio.

El retrogusto deja una sensación seca que permanece después de la calada, ya que no soy un fumador asiduo no que mi salivación es controlada y agradable, algo que no me sucede con los puros de intensidad o fortaleza alta.

Para este comienzo escogí Santa Teresa 1796 porque su perfil me parecía adecuado para no cubrir las primeras características del cigarro. El ron aporta notas de frutos secos, madera, cuero, vainilla, canela, chocolate negro, pasas, miel y pimienta.

La combinación funciona especialmente bien resaltando notas de almendro que puedo deducir que son de la mezcla de la madera contenida en el ron y de la naturaleza del Smoke Grill. Los frutos secos del ron amplían esa sensación, mientras que la madera y el cuero encuentran un punto de encuentro en el paladar.

También resulta interesante las notas de pimienta. presentes en la punta de la lengua y en los labios. En lugar de competir con el ligero picor del cigarro, se incorpora de manera gradual y hace que ambas experiencias parezcan complementarse.

En este momento prefiero que el ron aporte profundidad sin quitarle protagonismo al puro. El Smoke Grill todavía está mostrando su lado más delicado y el Santa Teresa 1796 consigue acompañarlo sin sobrecargarlo.

Segundo tercio cuando el cigarro empieza a mostrar más carácter: Smoke Grill y Matusalem Gran Reserva 15.

A medida que va evolucionando la fumada, el Smoke Grill cambia sin perder su gentileza en cada calada, aparecen nuevas notas algo florales, me da un ligero recuerdo al azahar, flores blancas, la nota de picante la aprecio con algo mentolado, quizás cardamomo o eucalipto, de verdad que no sé cómo describir esa sensación, pero es agradable, quizás sea por el maridaje con un ron de solera que me vienen a la boca todas estas notas, en copa seca el 1796 abre notas a madera húmeda, cuero, tostado, sin duda un agradable recuerdo de la bodega en la hacienda.

La madera se vuelve más presente deja de sentirse seca y aparece una sensación más tostada, el componente picante aumenta ligeramente. El cigarro adquiere mayor carácter y resulta más expresivo que durante los primeros minutos sugiriendo el cambio de copa.

Es justamente en este punto donde cambio de ron.

Para esta etapa elegí Matusalem Gran Reserva 15, buscando una bebida con suficiente personalidad para acompañar la evolución del tabaco. Su perfil incorpora vainilla, clavo, caramelo, miel, madera tostada, café y otras notas que aportan una dimensión diferente a la experiencia.

El contraste resulta interesante. La vainilla y el caramelo introducen un lado dulce que suaviza la sensación especiada del cigarro, mientras que la madera tostada y el café encuentran una conexión natural con la leña y las notas más secas que empiezan a dominar la fumada.

Aquí el equilibrio me parece especialmente importante. El ron tiene suficiente presencia para hacerse notar, pero no hasta el punto de desplazar al cigarro. Ambos mantienen su personalidad y, al mismo tiempo, generan una tercera experiencia que aparece únicamente cuando se prueban juntos, pero esa interacción es los que buscábamos descubrir.

La combustión continúa siendo regular y el Smoke Grill mantiene una intensidad que permite disfrutar de la fumada sin prisas, con un retrogusto dulce, permanente que envuelve el paladar sin abusar de sus sabores, el quemado y entender la ceniza es uno de los detalles que no dejamos escapar para mantener la combustión perfecta durante la fumada.

Tercer tercio, un cierre más especiado: Smoke Grill y Barceló Organic

La parte final mantiene la línea que venía desarrollándose, suave, ligero en calda, pero las características más profundas del cigarro adquieren mayor presencia con el ron. 

La madera quemada se hace más marcada y aparece con mayor claridad una sensación que me recuerda al carbón vegetal que usamos en el  josper cuando hacemos las preparaciones del bar al grill. El picante se presenta como pimienta negra y también gana protagonismo. En el retrogusto destacan especialmente los frutos secos, acompañadas por madera y un ligero toque de flor de limón.

Para esta última etapa opté por Barceló Organic. Frente a los dos rones anteriores, su perfil aporta una dirección diferente, con notas de cereza caramelizada, cacao, tabaco, frutas maduras, frutos secos tostados y pimienta rosa.

Aquí encuentro uno de los maridajes más curiosos de toda la experiencia.

El cacao y la nota de tabaco del ron se integran muy bien con el carácter más profundo que ha desarrollado el Smoke Grill. La cereza caramelizada introduce una sensación dulce que ayuda a equilibrar el picante, mientras que los frutos secos tostados prolongan la presencia de las almendras que aparecen en el retrogusto.

La pimienta rosa completa la combinación sin resultar excesiva. En lugar de competir con el carácter especiado del cigarro, se suma a él y amplía esa dimensión.

Después haber recorrido tres etapas bastante diferentes, aunque todas formen parte del mismo cigarro la combinación resultó más redonda de lo que esperaba, el cigarro parecía menos agresivo y el ron ganaba presencia en el final.

Don Quijote

Una propuesta que funciona

El Smoke Grill Don Quijote terminó siendo exactamente como Marcos me lo había descrito cuando lo contacté para adquirir esta edición especial: suave, sutil y noble. Después de fumarlo, creo que esas tres palabras lo definen bastante bien.

No es un cigarro que pretenda llamar la atención mediante una fortaleza elevada. Su atractivo está precisamente en la manera en que va desarrollando sus características, comienza de forma discreta y permite que la madera, los frutos secos y las especias vayan adquiriendo protagonismo poco a poco creando una armonía de sabores con los rones seleccionados entre caladas.

Para mí, el verdadero interés de esta experiencia estuvo en comprobar cómo esos cambios podían modificar también la relación con el ron.

La evolución del puro fue precisamente lo que hizo interesante el ejercicio de acompañarlo con tres rones diferentes. El Santa Teresa 1796 funcionó muy bien durante el primer tercio gracias a su perfil de frutos secos, madera, cuero y especias; el Matusalem Gran Reserva 15 acompañó el incremento de intensidad del segundo tercio con sus notas de vainilla, caramelo, café y madera tostada; mientras que el Barceló Organic cerró la experiencia con un perfil más frutal y suave, donde el cacao, el tabaco, los frutos secos y la pimienta encontraron puntos de encuentro con el carácter más marcado del último tercio.

Esta fortaleza obliga a fumarlo con paciencia, a tomarse el tiempo necesario entre una calada y otra para no sobre calentar el tabaco, beber un sorbo de ron apreciando la mezcla de sabores, analizar el retrogusto, disfrutar del aroma y disfrutar de la experiencia eso fue exactamente lo que hicimos, dejar que la fumada transcurra sin prisas, recordando esos años junto a Humerto Marquez con quien pude compartir muchas noches de tertulias con el Club de Fumadores y en el Club del Ron donde el maridaje era toda una experiencia entre poemas e historias.

El maridaje con rones de calidad alta es todo un acierto, los tres perfiles escogidos fueron capaces de acompañar el cigarro desde perspectivas completamente diferentes que casan con los matices del puro, aportando dulzor, amplificando sabores y revelando sensaciones que por separado quizás no pudiéramos percibir demostrando que no siempre se trata de buscar sabores similares, si no de encontrar un equilibrio entre lo que aporta cada elemento.

Lo más interesante fue descubrir que algunas de las sensaciones aparecían con mucha más claridad después de un sorbo de ron que durante la fumada por si sola. Cada combinación generaba una apercepción distinta y nos obligaba a prestar atención a los que ocurría en el paladar.

Si me preguntan ¿Cuál de los tres rones era mejor?

Les puedo que cada uno nos permitió entender al Somke Grill por un camino diferente, pero con similitudes dada la naturaleza de los elementos. Esa quizás fue la mayor sorpresa de la cata, descubrir que un mismo cigarro puede transformarse sensorialmente dependiendo de lo que bebamos.

La idea de trabaja las hojas de la tripa con un ahumado en frío utilizando madera de limonero consigue transmitir esa asociación con el fuego sin convertir el cigarro en un tabaco sobre ahumado. Como experimento y para probar qué tal, me parece que funciona de maravilla esta propuesta de Marcos Morales Tavesa y el Chef Víctor Silva quienes han logrado fusionar la sutileza de la alta gastronomía en un puro que redefine lo que significa disfrutar de un buen cigarro.

 

Nestor Parra

Pin It on Pinterest

Share This